Cuaderno de Primavera y Animus Iocandi homenajean a Chiquito de Bronce, Patriarca gitano del Patio de las Buñoleras en la Feria de Abril.
El Patio de las Buñoleras, forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Feria de Abril, según feliz expresión del malogrado periodista Juan Méndez.
Herencia gastronómica de la tradición culinaria de Al Andalus.
Las buñolerías se consolidaron en el siglo XIX como un negocio adecuado para las mujeres gitanas por la fácil preparación del producto (anafe, brasas, aceite, masa, unas agujas de madera y el saber de las “niñas”).
Su presencia era una constante en cualquier acontecimiento popular de la época desde mediados del siglo XIX. Y el más popular en Andalucía, sin duda, era, y sigue siendo, la Feria de Abril de Sevilla, en la que sus puestos se vienen levantando desde hace ya casi dos siglos.
Las Buñoleras son por ello más antiguas en la Feria que los farolillos, o que la caseta sin nombre de la familia Muñoz en Joselito el Gallo 83-85, que puede acreditar documentalmente más de 125 años de presencia continuada en el Real.
Desde 1847, en que la mítica Buñolería del Salvador alzó su toldo en la primera Feria.
Hasta hoy, las Buñoleras han tenido una presencia continua en el albero, salvo un breve periodo tras el traslado a Los Remedios, donde renacieron de la mano de Rafael Carretero y su equipo, en particular, de José Miguel Fernández, su hombre de confianza.
Las Buñoleras no son el Centro de la Feria, pero la Feria no se concibe sin las Buñoleras.
Por eso, desde el XIX hasta hoy, han sido objeto de la atención preferente en los relatos de viajes, de la pintura, particularmente la costumbrista, y de la fotografía.
Tampoco podemos olvidar su contribución al cante y al baile flamencos, producto de la fascinación de la juventud burguesa sevillana del Ochocientos por el mundo gitano, o su papel en la creación del traje de flamenca como indumentaria festiva femenina en nuestra Feria.
El Patio de las Buñoleras, es un punto de encuentro en la noche de la Feria, tras un día, que ya no es hoy, sino mañana. A él se llega casi por inercia. Por el olor.
Este Patio, es el efímero, pero sabrosísimo reino de Chiquito de Bronce. En él, Antonio Romero García, gitano de bien, ejerce de pontífice máximo con una botella de aguardiente como cetro, desde hace más de medio siglo.
Es por eso, y por su ochenta cumpleaños, por lo que Cuaderno de Primavera y Animus Iocandi, atentos a las tradiciones y a la auténtica historia de la Feria,
le han rendido un sencillo, pero sentido homenaje, este jueves ferial de 2026, con la entrega de una placa, que perpetuará nuestra admiración, respeto y cariño por un hombre, cuya procelosa vida, llena de peripecias, y ligada al flamenco y a las Buñoleras, da para escribir más de una novela.
Al acto, en el que tomaron la palabra Francisco Sánchez Escariche Sánchez y Antonio García del Moral, no faltaron quienes saben bien lo que el Patio significa.