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La noche en la feria de Sevilla

El famoso “Alumbrao” del lunes de pescaíto marca el inicio oficial, pero lo cierto es que ese momento se repite, de alguna manera, todos los días.
A las ocho de la tarde, el paseo de caballos se interrumpe y el Real cambia de ritmo. Poco a poco, al caer la noche, los farolillos se encienden y la portada vuelve a iluminarse, como si la Feria volviera a empezar.
calles de la feria de noche
Y, en cierto modo, lo hace.
La noche atrae a un público distinto.
Más arreglado. Más dispuesto a quedarse.
Los trajes se oscurecen, aparecen las corbatas de lunares, en los caballeros. Ellas cambian el traje de gitana por uno de noche y se envuelven en mantones de Manila, los peinados se afinan, el maquillaje gana presencia.
Quienes viven cerca, si pueden, han vuelto a casa para cambiarse y vestirse de noche. Otros, simplemente, han decidido no irse y siguen con trajes claros ellos y de gitana ellas.
traje claro de noche
Porque en la Feria conviven dos tiempos.
El de quienes llegan.
Y el de quienes nunca se fueron.
La música sube, las casetas se llenan, las conversaciones se alargan y el ambiente se vuelve más intenso. La Feria deja de ser paseo y se convierte en celebración.
baile sevillana de noche
Y, sin embargo, sigue siendo la misma.
Porque la noche no sustituye al día.
Lo prolonga.
Y lo lleva hasta ese momento final, casi inevitable, en el que la tradición manda no irse sin detenerse junto a la portada. Allí, entre el bullicio y las últimas risas, esperan los coloridos puestos de buñuelos, el olor a azúcar y ese chocolate con churros que sabe a despedida… o a promesa de volver al día siguiente.
Porque en la Feria, incluso cuando parece que todo termina, siempre está a punto de empezar otra vez.

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