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La Feria de Sevilla se entiende viviéndola

¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien llegado de fuera decir, con cierto asombro, que la Feria de Sevilla la inventaron —para que usted vea— un vasco y un catalán?
La pregunta no es casual. La formula Antonio Zoido, presidente de la Fundación Machado y vocal de Cultura de Ática, la Asociación de Titulares de Casetas de la Feria de Sevilla. Y la respuesta, como él mismo explica en su artículo “La Feria es Nuestra” publicado en la revista cuadernodeprimavera.es  (Página 36 – 38) va mucho más allá de esa simplificación repetida tantas veces.
Porque la Feria no se inventa.
La Feria se construye
En esta sección descubrirás su historia contada desde dentro: no como una sucesión de fechas, sino como un proceso vivo que, con el paso del tiempo, ha terminado por convertirse en una de las expresiones culturales más singulares que existen.
cómo entender la feria de sevilla
La Feria de Sevilla no se entiende de un vistazo. Ni se explica con fechas, ni con datos, ni siquiera con historia.
Se entiende viéndola.
Porque lo que hoy vemos —las luces, las casetas, el paseo, la música, las copas que se alargan sin prisa— no nació así. La Feria no fue inventada como la conocemos, ni diseñada para ser lo que es hoy. Fue otra cosa. Y, sobre todo, fue cambiando.
Todo empezó en el siglo XIX como una feria ganadera. Un espacio para comprar, vender y negociar. Pero Sevilla hizo lo que siempre ha sabido hacer: transformar lo práctico en ritual. Y con el tiempo, entre trato y trato, fueron apareciendo los puestos, las reuniones, la manera de estar. Hasta que, casi sin darse cuenta, la ciudad empezó a construir algo distinto.
Algo que no se improvisa.
Algo que no se copia.
Algo que se hereda.
Porque la Feria es el resultado de muchas generaciones haciendo lo mismo de forma diferente. Una tradición que no está escrita en ningún sitio, pero que todo el mundo reconoce cuando entra en el Real. Una forma de relacionarse, de celebrar, de ocupar el tiempo y el espacio.
Durante unos días, Sevilla levanta otra ciudad.
Una ciudad efímera, pero profundamente real.
Y en esa ciudad conviven muchas Ferias a la vez: la de quien viene por primera vez, la de quien no ha dejado de venir nunca, la de quien la descubre y la de quien la mantiene viva.
Por eso la Feria no es solo una fiesta. Es un equilibrio delicado entre lo que cambia y lo que permanece.
Y quizá por eso también sigue siendo difícil de explicar. Pero muy fácil de reconocer.

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